Este es mi templo creativo

sábado, 20 de noviembre de 2010

DE LA EXPERIENCIA COMO SENTIDO DE VIDA



He dicho que la experiencia es lo único que tengo. Por respuesta a la anciana pregunta existencial: ¿de dónde vengo y hacia donde voy?, debo confesar que no tengo la menor idea, pero además “ni me importa” -cito a mi tía Lorena.

Es uno de los grandes misterios de la vida que no intentaré resolver, no perderé el tiempo investigando lo que considero que nunca voy a encontrar.

A lo largo de la historia todo tipo de personajes han elaborado respuestas a veces simples, a veces impresionantemente complejas sobre este asunto, pero siempre me encuentro en el fondo de las más rebuscadas explicaciones un punto de partida que solo se entiende a través de la fe.

Con la fe no simpatizo por mi franca convicción de asesinar a dios en mi vida. Así que ante la ausencia de fe en mi concepción del mundo, no me queda más que la experiencia.

- Vivir por vivir, aquí, ahora en este momento, creando y buscando la experiencia más enriquecida e inteligente, mejorando y perfeccionando siempre mi arte en mi creación misma, rescatando lo mejor de todo y de todos, cual María quien eligió la mejor parte, y que no se será quitada.  

No respondo porqué estoy aquí, inmersa en una situación determinada que yo no pedí. De pronto nací en una familia, en un país, con un cuerpo, cobijada en una cultura determinada, etc. Llegue además con una conciencia y una voluntad.

Tengo necesidades y comienzo a buscar el modo de satisfacerlas, comienzo a aprender, comienza mi proceso de socialización. Dicen que los niños son como esponjas, que lo absorben todo, con facilidad aprenden cualquier cosa. El conocimiento les es útil para resolver las situaciones que enfrentan.

“Todos resolvemos nuestra situación siempre de la manera más inteligente que conocemos.”

El conocimiento, sin embargo, no puede ser entendido como una verdad absoluta, el conocimiento, todo tipo de conocimiento, no es más que una ficción, una elaboración abstracta de la creación de algún ser humano o de la creación de un conjunto de seres humanos.

Cultura es la ficción elaborada y acordada por una sociedad determinada, en otras palabras, es la creación compartida por una sociedad. El modo de vestir, el idioma, el modo de alimentarse, la manera de trabajar, los buenos modales, la educación, las leyes, etc., son cultura, son ficción social, son creación social. Aprender cultura nos permite integrarnos a determinado grupo social, acordar con ellos lo que juntos hemos establecido nos conducirá a enfrentar las situaciones de una manera determinada, lo cual por consecuencia, nos hará experimentar dichas situaciones de una manera también determinada.

Entender esta ficción como lo que es: no más que ficción, permite ser flexibles al momento de enfrentar nuevas culturas, de manera que toparnos ante la creación de otro no representa más que enriquecimiento, alimenta la curiosidad, nos aporta elementos que podríamos o no llegar a acordar, pero que sin duda nos benefician, siempre, sí, siempre que no permitamos creencias endurecidas en nuestra creación particular, que dicten tajantemente “yo estoy bien, los demás se equivocan”; si todo es ficción ¿cómo puede alguien equivocarse? En fin, me desvío y eso será tema para otro café.

De niña aprendí, casi sin cuestionar, lo que me enseñaron. En mi creación individual yo acorde infinidad de cosas que la situación me propuso, con ese conjunto de elementos adquiridos fui amansando mi creación y definiendo un estilo artístico propio.

Mi creación consiste en una ficción elaborada por mi (lo que yo llamo arte) en base a los elementos externos (situación) que todo lo Otro (lo que no soy yo) me ofrece y que yo acuerdo. Esta última parte es vital, pues mi creación tiene como característica fundamental  el hecho de contener mi voluntad, pues no hay manera de que ningún elemento externo sea integrado a mi creación si no es a través del acuerdo. De manera que como ya mencioné en el apartado “De la experiencia”, dado que el acuerdo requiere de mi voluntad para ser integrado a mi creación, soy responsable yo y nadie más del contenido de ésta y hasta sus últimas consecuencias.

“El hombre es completamente responsable de su creación, lo asuma o no.”

 La situación te puede exigir matar a alguien, pero si no es tu voluntad, si no lo acuerdas, no lo vas a realizar. Un Otro podría tomar tu mano y hacer jalar el gatillo, ¿pero aún en ese caso extremo se considera que hubo voluntad de tu parte? No lo creo. Por tanto, el hecho de que el gatillo fuera jalado teniendo tu mano en el arma no implica que sea tu responsabilidad, quizá estabas dormido cuando eso ocurrió.

En cambio si alguien te dijo que eres un inútil y tú te lo crees, no puedes imputarle a quien te lo dijo lo desgraciada que ha sido tu vida a causa de esa creencia, pues fue tu voluntad integrar esa idea a tu creación, y eres responsable de todo lo que tu creación traiga como consecuencia. Ahora, ¿qué sucede si no acuerdas? Si alguien te dice inútil y tú crees que no eres inútil, ¿qué pasa? Creo que no tendría porque pasar nada.

Ahora bien, si este sistema cultural en el que “nos tocó vivir”, como diría Cristina Pacheco, nos hace autojustificarnos y mentirnos, de modo que a veces se dificulta ser concientes de las cosas que acordamos con el Otro y las que no ¿cómo podemos hacer visible dichos acuerdos?

Bien, hay un elemento infalible, que de observarlo con atención obsesiva traería a flote todos y cada unos de los acuerdos que, cual base de ice berg, nos encanta mantener en la profundidad de nuestra creación como si no existieran o no los hubiésemos creado, esto es: la emoción. La emoción nunca miente, la emoción viene siempre como consecuencia directa de nuestra creación, y jamás, por ningún motivo, proviene de otro lado. Nadie puede derramar una emoción en nuestro lugar, la emoción es nuestra, es producto de nuestra creación, es hija de la creación y es la creación misma concretizada.

De tal manera, que si te dijeron inútil y te deprimes, ocurre que hay un acuerdo en tu creación que te genera tal emoción. La emoción no proviene en realidad del dicho del Otro, sino de las entrañas de tu creación. Así que valdría la pena reflexionar si es que acaso ese acuerdo me agrada como para mantenerlo en mi obra maestra, o quizá sería mejor idea desecharlo de forma que si al Otro se le antoja decirme inútil, pueda reconocer que nada tiene que ver su dicho conmigo, y por tanto simplemente tendré que ignorarlo.

Identificar qué acuerdo hay detrás de cada emoción vertida por mi cuerpo físico, me permitirá ser conciente de lo que a voluntad estoy creando. Puedo afirmar que nadie me hace feliz, nadie me hace enojar, nadie me entristece, sino que esa es la respuesta que puedo dar conforme a mi creación ante los estímulos de la situación en la que me hallo en determinado momento.

Nuevamente insisto, la creación propia es responsabilidad de su autor hasta sus últimas consecuencias.

Entiéndase entonces que nuestra creación en abstracto se transforma en creación concreta al materializarse –entre otras cosas- en emociones, y todo ello en conjunto y frente a una situación dada es lo que llamo experiencia. Nuestra creación define a la experiencia por un lado, así como la situación que soy yo para otros, porque ambas cosas son resultado directo de mi creación en abstracto.

De la primera, como ya abundé, la experiencia es la manera como enfrento la situación cualquiera que ésta sea, y que se desprende, ya quedó claro, directamente de mi creación.

De la segunda que apenas abordamos, es preciso decir lo siguiente: así como el Otro es situación para mí, yo soy el Otro de los Otros, por ejemplo, mi hermano es Otro para mí, y yo soy Otro para mi hermano, y por tanto, la creación de mi hermano y todo lo que mi hermano es, genera situación para mí, en su creación impera una voluntad, la de él, no la mía, así que lo que el haga dado que es parte de mi entorno, es situación para mí; ahora bien mi creación y lo que devenga de ella son situación para mi hermano y para todos los que me rodean, y dado que en ella impera mi voluntad, yo soy responsable de la situación que yo estoy siendo para él y para todos los que alcanzo a afectar con mi existencia.

Soy responsable de mi creación, esto es de los acuerdos mediante los cuales integré elementos externos a mi, así como de mi arte particular para crear, es decir, la manera como fui acomodando en mi imaginario todos esos elementos de tal manera que mi creación se hace única, y como consecuencia directa, soy responsable de la manera como experimento las situaciones a las que la vida me expone, y de la situación que soy para otros al momento de manifestar a través de mis acciones mi creación en abstracto.

Mi creación es tanto en abstracto como en lo concreto. La concretización de  la creación es la manifestación física de ésta, es la materialización de lo que hay en nuestra mente y que se observa en nuestras emociones, nuestras acciones y reacciones, opiniones, etc., es en general todo aquello que deviene en experiencia pura y cuyo origen es siempre la creación abstracta.

En conclusión, la experiencia es lo único que tengo, no me interesa saber el origen de mi existencia, ni hacia donde voy, ni resolver ningún asunto que se encuentre entre los que considero “misterios de la vida”, solo cuento con la experiencia, que es lo que hago con lo que me sucede. Lo que me sucede no lo cuestiono, esta ahí, me fue dado, es situación, pero está ahí para que yo lo viva de algún modo, del modo como mi creación me conduzca.

La experiencia, que es lo único que importa en esta vida, es mi creación aplicada a la situación. Por lo que el sentido de mi vida se define como una búsqueda de las mejores experiencias vivibles, lo cual se pretende lograr mediante la perfección y enseñoramiento de mi creación; la perfección que busca la creación más inteligente para enfrentar una situación de modo que me genere la experiencia más rica posible; el enseñoramiento de mi creación que consiste en asumir la responsabilidad de todo lo que creo (del verbo crear) hasta sus últimas consecuencias, de manera tal que a conciencia pura y voluntad,  pueda escribir la historia de mi vida y afirmar, como quizá dijera el niño terrible de la poesía, Arthur Rimbaud:

“He querido decir lo que aquí dice, literalmente y en todos los sentidos”.


                                                     -  Loca de los Gatos







Querido Satán, te conjuro: ¡una pupila menos irritada!
Y, en espera de algunas peque
ñas infamias que se
Demoran, para ti que prefieres en el escritor la ausencia
De facultades descriptivas o instructivas, desprendo
Estas horrendas hojas de mi cuaderno de condenado.



J. Arthur Rimbaud

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola ely, he leido tu articulo y me parce bien tu idea aun que hay algunas cosas que no comparto sobre matar a Dios por mi fe tu lo sabes pero todo esta bien...

sigue escribiendo.

Shilem Gordon