Madre
No recuerdo cuando te perdí. No te recuerdo en mi infancia.
En algún sentido me sentí huérfana desde no sé qué momento, pero muy niña.
Creo que te pasaba lo mismo, porque alguna vez confesaste también que no me recordabas.
Lo que recuerdo son mis ganas de que alguien me felicitara y se sintiera orgulloso de mí, y de que alguien me defendiera. Eso no lo encontré en casa, donde mis hermanos y tú formaron un círculo perfecto, yo no embonaba, así que bueno, tenía a los vecinos, tenía a los maestros, tenía a los de la iglesia, tenía la escuela, por eso me dormía en casas ajenas, por eso me esforzaba como enloquecida por ser la mejor del grupo, cómo disfrutaba el cariño de la maestra Trini, o el afecto del hermano Pepe y su familia.
¿Cuántas veces me sentí sola? ¿cuántas veces sentí yo que no tenía un lugar en la casa?
¿Cómo te imaginas que me sentí cuando me enteré que mi hermano se casó y no me invitaron? y más... que llamaste a la casa y yo contesté, me saludaste calidamente y perdiste hablar con mi papá, era para invitarlo a él... no a mí.
Sé que te lavarás las manos, que es un asunto de él, y él sabe a quien invita... como si esa culerada que sabías que me iba a hacer no tuviera nada que ver contigo... nada que me haga daño tiene que ver contigo, tu no eres capaz de decir una palabra en mi defensa, nunca ante nadie, mucho menos ante tu hijo.
Creo que para mí ya fue suficiente, ya no los quiero cerca. Que bueno que se tengan el uno al otro. Yo toda la vida he estado sola así que más me vale darlos por perdidos.
Dices que te sientes arrimada, esta casa la compré para ti y para mi papá, tu dijiste que no sabías que hacías aquí en "esta pinche casa que ni es tuya"... como quieras... te prometo que pronto me iré para estés más cómoda.
Dices que cuando te perdone te hable... ¿para qué?... no tienes la culpa, tu puedes preferir a quien gustes, te nace tan natural ese impulso por proteger a mi hermano siempre, sigue haciéndolo, solo aléjate de mí...
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